El chile de árbol es más que un ícono de la cultura mexicana, es un elemento que da identidad a cientos de familias en el occidental estado de Jalisco, que se reúnen en torno a su cultivo y a la elaboración de salsas, adobos y otros productos derivados de este picoso ingrediente.

Esta especie de chile seco es endémica de la región de Los Altos de Jalisco, especialmente del municipio de Yahualica, que le heredó su nombre y le dio fama en México y también en Estados Unidos.

Los habitantes del municipio producen de manera artesanal este ingrediente de la gastronomía mexicana desde hace más de un siglo, una tradición que es inculcada desde la niñez, dice a Efe Luis Antonio Plasencia, dueño de uno de los ranchos “chileros” en la comunidad de Manalisco.

“Toda la familia participa. Desde el más pequeño hasta el más grande de la familia. Claro (que) no se les obliga a los niños a trabajar, pero sí se les inculca esta actividad”, afirma el productor tras una pausa en las labores de recolección del chile más consumido por los mexicanos.

Durante todo el año las familias viven alrededor del cultivo distribuido en unas 250 hectáreas. El proceso comienza con el separado manual de las semillas, el cuidado y riego de las plantas, hasta la pisca de los chiles que están maduros, una labor que se realiza entre agosto y septiembre.

Por esta época del año es común ver a niños y mujeres de los ranchos alrededor de los llamados “tendidos de chile”, largas alfombras de plástico en las que ponen a secar al sol toneladas de chile para hacer más fácil su almacenaje y clasificación.

El ayuntamiento de Yahualica busca obtener la denominación de origen para proteger el nombre, la calidad y el proceso de producción del chile de árbol que sale de esta región.

Además, pretende implementar una Ruta del chile, que reuniría a once municipios de Los Altos de Jalisco y del sur de Zacatecas, para promover la importancia cultural de este producto y que la gente conozca la manera en que se cultiva.

Fuente: EFE

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